Pareciera ser una condición intrínseca del argentino medio la queja repetida sin aporte de solución alguna. El recordado “No se queje si no se queja” cobra una vez más vigencia en la apatía que parece ganar a la mayoría de la población a quien, en verdad, no falta muchas veces razón para bajar los brazos, rendida ante tanta inoperancia, especialmente de las autoridades o quienes debieran ser ejemplos vivientes de lo que proclaman.
No obstante, viene a mi mente persistentemente una frase que me ha servido de guía personal y que me encantará compartir con todos: “Lo que HACES habla tan alto, que no me deja oír lo que DICES”. Esta impactante afirmación nos indica a las claras que si nuestras acciones y actitudes cotidianas no condicen con lo que afirmamos, nadie creerá en nuestra palabra.
Por tanto, ¿no habrá llegado el momento de obrar más en consecuencia en lugar de reclamar? ¿No será que hemos recibido físicamente dos oídos y una sola boca para oír el doble de lo que vayamos a hablar?
La pluralidad, el disenso, la capacidad de pensar diferente sin por ello encontrar un enemigo en un simple opositor a lo que pensamos, son caminos aptos para el encuentro dentro de la diferencia, integrándonos, no excluyéndonos. Aportar, intercambiar opiniones, sugerir modos de acción para lograr un fin, pero más que nada dar el ejemplo, hará que ganemos respeto cada día más. Entonces, recién entonces, podremos sentir que los demás pueden tomarnos como un referente válido. Y en cuanto a participar, todo comienza por la comunicación. Por esa razón… ¡aquí estamos! ¿Nos acompañan?
lunes, 28 de septiembre de 2009
S.O.S. (comunicarse o perderse en el silencio)
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